
Tu taza se ha quedado sola sobre la mesa, esperándote.
La pobre debe pensar que vas a volver y por eso te espera; yo soy menos crédula y sé que no vas a volver, así que no te espero.
Se me parte el alma cuando veo a tu taza sobre la mesa esperándote, resignada. Creo que me reprocha que ya no te espere.
Yo más que resignarme es que he comprendido al fin que tú huyes por sistema y ni la taza ni yo tenemos la culpa de que te hayas ido.
Ella aún mantiene la esperanza, pobre, yo no.
Debería cogerla y tirarla, o por lo menos ponerla en el estante con las demás en lugar de dejarla ahí sobre la mesa...
Se ha caído y se ha hecho añicos, a veces soy tan descuidada; he recogido los trozos y los he tirado a la basura.
Ea, ya no te espera nadie.

Ciertamente dejar de esperar es casi lo más difícil, verda? Está una tan acostumbrada a estar esperando... a la persona, a sus actos, a sus palabras. Es tan cansado esperar.
ResponderEliminarPor eso yo ya no espero Julia, porque como dice Silvio Rodríguez: ya no te espero, porque de esperarte hay odio...
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