sábado, 17 de octubre de 2009

Humo

Salió a la terraza a fumar tranquilamente, sin que nadie la mirara como si los estuviera gaseando, ni agitara la mano delante de la cara para espantar el humo que ella a veces les echaba intencionadamente.



Fuera hacía fresco, el propio del final del verano que siempre se hacía demasiado largo; aún se veían algunas estrellas y la luna brillaba. Era una noche cursi de estrellas y luna, de brisa otoñal y borrachera de vino tinto.



Encendió el cigarrillo y tragó el humo con ganas, satisfecha.



Él la siguió hasta la terraza no porque le apeteciera fumar ni ver las estrellas, ni si quiera la luna, sino porque quería verla a ella y hablar con ella, aunque no sabía si se atrevería.



Inclinó la cabeza a modo de saludo y ella le ofreció un cigarro que él aceptó aunque no fumaba.



La tos que le entró en la primera calada delató su falta de vicio, lo que hizo que ella sintiera vergüenza ajena.



Pero aún así se fumó el cigarro mientras intentaba entablar conversación: que si el tiempo, que si la fiesta, que si la gente de la fiesta, que si el vino de la fiesta...ella encendió otro cigarro y sorbió la copa mientras contestaba con monosílabos a su insistente interrogatorio...él miró al cielo quizá pidiendo inspiración y ella terminó su copa.



Al fin él preguntó: ¿has visto qué de estrellas? , ¿impresiona, verdad?, ¿nunca has pensado si habrá vida inteligente fuera de nuestro planeta?



Ella apagó el cigarro con la punta del zapato, suspiró y sonriendo ampliamente, dijo: para mí la gran duda es si hay vida inteligente en este planeta... giró sobre sus tacones y volvió dentro de la fiesta dejándolo a él en la terraza sin saber qué hacer con el cigarrillo a punto de quemarle los dedos.

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